Culiacán avanza: Sheinbaum supervisa obras clave en salud y riego
En un día marcado por el impulso a la infraestructura y el desarrollo agrícola, la mandataria encabezó una intensa jornada de trabajo en Sinaloa, donde dejó en claro su compromiso con la salud pública y el campo mexicano. El escenario principal fue la capital sinaloense, donde, ante un nutrido grupo de autoridades locales, trabajadores del sector salud y ciudadanos, dio el banderazo de inicio a las obras del nuevo Hospital Regional de Especialidades del IMSS. El proyecto, que promete convertirse en un referente de atención médica en el noroeste del país, contempla la construcción de instalaciones de vanguardia para ofrecer servicios especializados a miles de familias que, hasta ahora, debían trasladarse a otras entidades para recibir tratamientos complejos.
Con la promesa de reducir las brechas en el acceso a la salud, la mandataria destacó que este hospital no solo aliviará la saturación en unidades médicas existentes, sino que también generará empleos y dinamizará la economía local. «Este es un paso más hacia la justicia social, hacia un México donde nadie tenga que elegir entre su salud y su economía», afirmó, mientras los aplausos resonaban entre los asistentes. El recinto, cuya inversión supera los mil millones de pesos, incluirá áreas de oncología, cardiología y neurología, así como equipos de última generación para diagnósticos precisos y tratamientos oportunos.
Pero la agenda no terminó ahí. Con la misma energía, la mandataria se trasladó a las afueras de la ciudad para supervisar los avances en la tecnificación del Distrito de Riego 010, una zona clave para la producción agrícola de la región. Allí, entre campos verdes y canales que serpentean la tierra fértil, anunció un acuerdo histórico con productores locales: la creación de mesas de trabajo quincenales para garantizar precios justos al maíz y estabilidad en el sector. «No podemos permitir que los campesinos sigan siendo los más pobres entre los pobres, mientras otros se enriquecen con su trabajo», declaró, subrayando la necesidad de proteger a quienes alimentan al país.
El encuentro con los agricultores fue un diálogo franco, donde se abordaron temas como el acceso al agua, la modernización de sistemas de riego y la lucha contra los intermediarios que encarecen los productos. Los productores, muchos de ellos con décadas de experiencia en el campo, celebraron la iniciativa, aunque no ocultaron su escepticismo ante promesas pasadas. «Esta vez tiene que ser diferente», dijo uno de ellos, mientras la mandataria asentía. «Lo será», respondió, comprometiéndose a que las mesas de trabajo no queden en el papel, sino que se traduzcan en acciones concretas.
La gira por Sinaloa, sin embargo, no estuvo exenta de tensiones. La entidad, que enfrenta desafíos de seguridad como pocas en el país, mantuvo un operativo discreto pero visible durante toda la visita. Aunque no hubo incidentes, la sombra de la violencia se hizo presente en cada desplazamiento, recordando que el progreso social y económico debe ir de la mano con estrategias integrales para pacificar las regiones más afectadas. La mandataria, consciente de ello, evitó minimizar el problema, pero insistió en que la inversión en infraestructura y el apoyo al campo son herramientas clave para alejar a los jóvenes de la delincuencia.
Con los compromisos en Sinaloa cumplidos, la mandataria emprendió el viaje hacia Baja California Sur, donde cerraría su gira de fin de semana con la entrega de Programas para el Bienestar. En un acto que reunió a cientos de beneficiarios, reafirmó que estos apoyos no son dádivas, sino derechos ganados por décadas de lucha social. «El bienestar no es un favor, es una obligación del Estado», recalcó, mientras entregaba tarjetas y reconocimientos a adultos mayores, madres solteras y jóvenes estudiantes.
La jornada, que combinó gestos simbólicos con acciones tangibles, dejó en claro que el gobierno actual apuesta por un modelo donde la salud, la educación y el campo sean pilares de un desarrollo más equitativo. Sin embargo, el reto está en la ejecución: en convertir las promesas en realidades palpables para quienes, durante años, han visto cómo los discursos se desvanecen con el tiempo. En Sinaloa, como en el resto del país, la esperanza se mezcla con la desconfianza, pero también con la determinación de quienes exigen que esta vez, las cosas sí cambien.





